Tres obras únicas y exclusivas seleccionadas de "identidad", mi última línea de investigación digital.
Un guiño a Sengai Gibon, a Munari, a la Bauhaus, a “Foundation” y Google Meet.
Tres obras que sólo existen como NFT (Non-Fungible Token).
Tres obras que únicamente su dueño podrá hacer evolucionar, transmutando el token, en obra física.
De esta forma el token no desaparece, sino que se transforma irreversiblemente.

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Siempre he apostado por la obra física como objeto de culto.
Ante la fotografía líquida y la imagen infinitamente repetible, un objeto matérico, único y estable al paso del tiempo. Ante la avidez de consumo de imágenes, algo que nos sobreviva en el tiempo.

Años de investigación y de repente aparece el Blockchain y los NFT y, al igual que sucedió con el cambio de la fotografía analógica a la digital, un nuevo universo de posibilidades creativas se abre ante nosotros.

Me encanta el Blockchain y la posibilidad de una trazabilidad real, pero no quiero que mis coleccionistas renuncien a mis obras cómo yo las he imaginado. No pienso prescindir del papel, de la tinta, de la madera o de ver la obra cambiar cuando cambia la luz de la habitación.

Veremos qué opina el sistema…